Primeras noticias en prensa

Comienzan a salir las primeras noticias acerca de la Celebración del día de la Romanidad en la prensa.

Aquí os dejamos los enlaces a las dos primeras noticias que se dan sobre el evento y nos excusaréis por que no pongamos una entrada por cada una de las noticias que vayan saliendo. Esperamos armar una página para recogerlas todas porque sin duda esto cada vez va a ir teniendo más repercusión. Hoy mismo, por ejemplo, la Sección de Literatura y la Agrupación de Retórica y Elocuencia del Ateneo de Madrid ha decidido apoyar también la celebración del Día de la Romanidad. Esto crece a toda velocidad, sin duda.

En cuanto a los enlaces a las primeras noticias de prensa, aquí los tenéis.

La crítica

El correo de Andalucía

 

Seguimos creciendo

Hará dos semanas que lanzamos nuestra propuesta para celebrar el próximo 4 de septiembre el día de la Romanidad y la verdad es que la respuesta ha superado con creces nuestras expectativas. Ya hay una veintena de localidades (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Málaga…) con iniciativas en marcha. Pronto colocaremos en esta misma web un mapa con todas las localizaciones.

Y no solo eso, ya que ayer supimos que la Universidad de Murcia se suma a la celebración del día de la Romanidad con un acto en el que participarán profesores de las facultades de Derecho e Historia. Debatirán sobre hasta qué punto seguimos siendo en el fondo romano y nos parece una propuesta más que curiosa e interesante.

También fruto de esas iniciativas se montarán charlas, brindis, diversas librerías organizarán esa semana escaparates con libros de ficción y ensayo sobre tema romano… No pasa día sin que alguien no proponga o se ponga manos a la obra con una nueva forma de celebrar el día de la Romanidad. La imaginación no tiene límite y, a tal respecto —porque nos consultan mucho y para aclarar equívocos— hemos de insistir en que el día de la Romanidad pretende que este cuaje como fiesta popular y, por tanto, cada cual es libre de llevar a cabo las iniciativas que mejor considere.

Existe un grupo impulsor, formado por tres personas, a las que se están sumando colaboradores, apoyos y partners. Pero no hay ninguna intención de centralizar la fiesta, monopolizarla o siquiera de crear una superestructura. Algo que no significa que, quien quiera, no pueda dirigirse a nosotros en busca de consejo, para solventar dudas o hacer propuestas. Ejercemos una labor de coordinación con mucho gusto y, por supuesto, estaremos muy agradecidos a aquellos que lleven algo a cabo para festejar si nos lo comunican. También si, una vez realizada la celebración, nos envían datos y fotos, para poder realizar un histórico de esta primera convocatoria de lo que esperamos llegue a ser una celebración anual, diversa y con el tiempo multitudinaria.

Declaración. El día de la Romanidad

Muchas de las actuales naciones de Europa, norte de África y Oriente Próximo no se entienden sin el hecho de que se asientan sobre lo que fue la ecúmene romana. Sin ese pasado romano, tales países y tales gentes serían muy distintos o directamente ni serían. Y el Día de la Romanidad pretende festejar ese origen común de pueblos que, tras la extinción política de Roma, siguieron caminos a veces muy distintos.

Eso es lo que definimos como Romanidad: el conjunto de naciones que en unos casos tienen su origen en lo que a nivel popular se conoce como el antiguo Imperio romano y que, en otros, son lo que son gracias a la influencia que la cultura romana ejerció sobre ellas.

El mundo romano no surgió de la nada, sino que fue la culminación de un proceso de difusión cultural que tuvo como corazón el Mediterráneo. Aunque ya diversos pueblos habían estado intercambiando —por todas esas costas y durante siglos— conocimientos, productos agrícolas, manufacturas y tecnología, con Roma se alcanzó la cumbre del proceso. Roma asimiló culturas previas como el helenismo, se transformó de manera radical y, a su vez, se convirtió en difusor de esa cultura mestiza por tres continentes, llevándola mucho más allá de las riberas visitadas en tiempos por griegos y fenicios.

Eso fue la ecúmene romana: una entidad política y cultural que llegó a integrar a multitud de etnias y culturas autóctonas de lo más diversas. Con el tiempo, se dividiría en los imperios de Oriente y Occidente. El segundo entró en un largo proceso de decadencia política que le llevó a desaparecer en el siglo V. Pero su extinción fue solo política. Durante largo tiempo, multitud de habitantes de los antiguos territorios occidentales siguieron considerándose romanos, por lo que podemos decir que la nación sentimental romana continuó existiendo durante siglos.

Y más todavía perduró la nación cultural. Subsistió en la mayor parte de esos territorios, amalgamándose o incluso asimilando a los pueblos que los habían conquistado. Fue un proceso largo que, con el tiempo, llevó al nacimiento de las diferentes naciones que ahora ocupan buena parte de Europa y el norte de África. En cuanto al Imperio de Oriente, duraría mil años más, para desaparecer en el siglo XV, tras haber perdido casi todo su territorio ante el empuje de diversos invasores. Muchos de sus habitantes se islamizaron —todos en costumbres y la mayoría en religión—, pero el sustrato romano siguió ahí, influyó a su vez en los vencedores y sería a menudo protagonista en el curso seguido esas gentes.

La riqueza cultural acumulada durante siglos y la superioridad tecnológica romana hicieron que, con frecuencia, los vencedores adoptasen instituciones, legislación, técnicas e incluso la lengua romana. Y, cuando no, incorporaron a su cultura mucho de todo eso. Sobre esa base se inició la evolución cultural de las naciones que a día de hoy integran lo que llamamos la Romanidad.

En la propia Península Ibérica, los visigodos —que no llegaron como invasores sino enviados por los romanos a combatir a suevos, vándalos y alanos, y restaurar la paz— mantuvieron el orden romano. Con ellos, se prolongó dos siglos en Hispania la Antigüedad Tardía, hasta que el estado visigodo fue destruido por invasores musulmanes a comienzo del siglo VIII. Y tanto los hispanorromanos del norte como los andalusíes conservaron sus rasgos culturales romanos, que fueron mestizándose con influencias norteuropeas e islámicas a lo largo de un proceso tan dilatado como lógico.

La opción del 4 de septiembre para celebrar el Día de la Romanidad hace referencia al día en el que, en el año 476, Odoacro depuso a Rómulo Augústulo y liquidó de manera formal lo poco que quedaba del Imperio de Occidente. La hemos elegido por su valor simbólico, por lo antes dicho: ahí se acabó el Imperio de Occidente como nación política, pero no como nación cultural (en la que incluimos el Imperio de Oriente) y aún pervive en la Romanidad, de la misma forma que un abuelo lo hace en sus nietos.

En una época llena de luces gracias a los avances sociales, científicos y tecnológicos, parte de las sombras las pone un identitarismo ciego y epidémico que lleva a fabricar colectivos a partir de un rasgo de identidad —ideológico, religioso, étnico, sexual— para luego enfrentarlos al resto. A la construcción de un nosotros contra los otros basado en cualquier diferencia en el fondo secundaria. Es una razón más para celebrar lo que une a una parte considerable de la humanidad, en vez de dar importancia a lo que pueda dividirla.

El Día de la Romanidad, por tanto, no es un ejercicio de nostalgia. Tampoco la vindicación de ningún pasado glorioso real o supuesto. Pretende festejar que gentes de tres continentes tienen raíces comunes de las que surgieron troncos muy diversos, gracias a evoluciones sociales y políticas distintas. Celebrar que, dentro de una humanidad que es una, parte de ella cuenta con un pasado común que sobrevive en muchos rasgos culturales actuales. Eso es la Romanidad.