Entrevista a León Arsenal sobre el Día de la Romanidad

León Arsenal es autor de una veintena de títulos encuadrables en los más diversos géneros narrativos: histórica, thriller histórico, novela negra, fantástico, ensayo divulgativo… Está en posesión de algunos de los premios más importantes de esos géneros, tales como el Ciudad de Zaragoza a la mejor novela histórica publicada en 2005, el Espartaco de la Semana Negra, el Algaba de ensayo histórico, el Minotauro de literatura fantástica o el Galardón Letras del Mediterráneo que recibió en el año 2017 por su trayectoria como novelista histórico.

Y es también uno de los creadores del Día de la Romanidad y aquí recogemos algunas de sus ideas e impresiones personales sobre la celebración.

 

¿Cómo definirías el Día de la Romanidad?

 

Aunque tiene unos pocos meses de vida, ya hemos comprobado que definir el Día de la Romanidad se está volviendo algo complejo, porque cada uno lo interpreta un poco a su manera. Eso es bueno, ojo, puesto que significa que la gente lo va interiorizando, haciéndole suyo y encontrando nuevas facetas.

Pero, si nos atenemos a cómo lo concebimos los tres creadores para lanzarlo a la opinión pública, diré que básicamente el día de la Romanidad es una celebración. Celebra esos orígenes comunes que están en la base de multitud de naciones de todo el Mediterráneo. Y celebra también el legado romano, puesto que Roma fue un gigantesco receptor, transformador y emisor de cultura, tecnologías, productos y conceptos que en muchos casos están todavía aquí, bien presentes. Eso es lo que celebra el Día de la Romanidad.

 

¿Por qué impulsar una celebración así?

 

Hay muchas razones para ello que, en síntesis, se pueden agrupar en tres objetivos básicos. Tres por qué, para ajustarnos a la pregunta. El primer por qué es poner en valor el enorme patrimonio vinculado a los romanos que tenemos no solo en España, sino en gran número de países europeos, de Oriente Próximo y norteafricanos. Y cuando digo patrimonio no hablo solo de los yacimientos arqueológicos o las obras de arte, sino también al aceite, el vino, cereales y todo aquello que, aunque no fue introducido por los romanos en España sí que fue difundido de manera masiva gracias a ellos. Y también al patrimonio inmaterial, desde el teatro a el diseño de grandes vías para comunicar los territorios.

El segundo por qué es festejar esas raíces comunes que unen a pueblos en apariencia bien distintos pero que, en muchas cosas, no son más que troncos distintos nacidos y evolucionados a partir de un sustrato común. Festejar lo que nos une, en vez de hacer énfasis en lo que nos separa y divide.

Y el tercer por qué es generar economía y trabajo, así de claro. Si la economía es, en parte, dinero en movimiento, las celebraciones y las puestas en valor generan actividad económica y eso es algo que en España necesitamos de verdad.

 

De esos tres por qué, ¿cuál es tu favorito?

 

Eso es como preguntar a quién quieres más, si a papá o a mamá. Todos son igual de valiosos y enriquecedores. Pero si me apuras o me pinchas, lo de la puesta en valor del patrimonio, sobre todo el arqueológico e histórico, ya tiene muchísimos valedores y el tercero está viniendo casi solo. Así que yo personalmente, y es una opción mía, apuesto por dedicar mis esfuerzos a internacionalizar el festejo y darle una dimensión transnacional que ayude a paliar tanto particularismo absurdo que se construye desde el enfrentamiento por diferencias menores entre la gente.

 

Ya pasados los últimos actos, ¿cómo valoras esta primera edición del Día de la Romanidad?

 

Como algo asombroso, literalmente. La propuesta la lanzamos a finales de julio y, dado que el Día de la Romanidad se celebra el 4 de septiembre, contábamos con que será algo nominal este año, una especie de ensayo general para el 2019. Pero nos encontramos con que personas a título personal, colectivos, organizaciones, instituciones y municipios se sumaron con el mayor de los entusiasmos y comenzaron a organizar lo que se pudo contando con un mes en el mejor de los casos.

El Día de la Romanidad 2018 se ha celebrado de distintas formas en más de 30 poblaciones españolas, a lo que hay que sumar actos testimoniales en lugares como Túnez o Pérgamo, y distintos puntos del Norte y Sur de América. A mí juicio ha sido un éxito y los primeros sorprendidos de su dimensión hemos sido los que lo creamos.

 

¿Y el futuro?

 

Ese pasa por consolidar lo logrado, así como ampliar a localidades, colectivos y sectores económicos con el objetivo de que el Día de la Romanidad se convierta en un festejo popular y no en una conmemoración de laboratorio. Y también, por supuesto, el futuro está en internacionalizar y lograr que esto se convierta en una fiesta que celebre raíces comunes de una parte considerable de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

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